Por María Ptqk e Irene Ergueta
El ciclo del agua alude a un flujo incesante que atraviesa cuerpos, territorios y tiempos, tejiendo una red de interdependencias donde lo humano y lo no humano se entrelazan. Esta exposición parte de una pregunta central: ¿puede un río ser, al mismo tiempo, archivo, monumento y ruina? La premisa nos invita a reconsiderar el agua no como un recurso pasivo, sino como un agente activo que transporta registros, residuos y las mutaciones de los sistemas que surca.
Fran Pérez Rus plantea que el río es más que un cauce: es un organismo en perpetua transformación. Además de agua, su flujo contiene también sedimentos químicos, biológicos y políticos que evidencian nuestra relación con el medio. Nuestros hábitos, desde el consumo hasta el desecho, se inscriben en el agua, alterando su ciclo y convirtiéndola en testigo de nuestras prácticas. En este contexto, el concepto de emisario cobra relevancia hasta ampliarse. Tradicionalmente, se ha asociado al conducto por donde las ciudades expulsan/vierten sus aguas residuales hacia los ríos y mares, ocultando los rastros de su contaminación. El emisario se entiende aquí como un mediador entre lo orgánico y lo alterado, entre lo íntimo y lo colectivo. Un elemento que drena, pero que a su vez revela las tensiones entre la memoria del agua y las urgencias del presente.
Concebida específicamente para la Sala de Máquinas del Centro Párraga, Ciclo del agua se despliega como un paisaje fragmentado donde lo natural y lo tecnológico coexisten en tensión. Esta geografía artificial evoca la persistencia de lo orgánico en espacios aparentemente controlados, la capacidad de una naturaleza enferma de infiltrarse y transformar lo que creemos inmutable. La obra trasciende lo local para expandirse a una escala global. Nos habla, por tanto, de la cuenca mediterránea y sus problemáticas ambientales mientras alude a que el desgaste ecológico y la sobreexplotación de los recursos resultan síntomas de un desequilibrio sistémico que afecta a todo el planeta. Inspirado en la noción de Umwelt (mundo circundante) de Jakob von Uexküll, Fran Pérez Rus nos propone cuestionar nuestra percepción del entorno y reconocer la multiplicidad de realidades que coexisten en una ecología de interacciones. El río, con sus residuos y su memoria, emerge como un actante en el sentido de Bruno Latour: una entidad que afecta y es afectada, un operador que nos lleva a repensar nuestra relación con el agua y sus flujos.
En el marco actual de crisis climática, la muestra enfatiza que el agua no supone un recurso inagotable. Su ciclo, alterado por la acción humana, refleja las consecuencias de un modelo de explotación que prioriza el crecimiento económico sobre la sostenibilidad. La obra de Pérez Rus aborda estos problemas y nos desafía a imaginar nuevas formas de coexistencia con el agua, enfrentándonos a la realidad de un río transformado en registro de restos, vestigio de nuestras prácticas, pero también en un agente transformador cuyo testimonio fluye y nos devuelve, una y otra vez, la historia de nuestra propia huella en el mundo.